El niño explosivo: cómo interactuar con él

Niño explosivo : cómo interactuar con él

El niño explosivo: ¿cuál es el mejor patrón para interactuar con él?

El niño explosivo

Existen una serie de niños, llamados “niño explosivo” cuyas características distintivas son las dificultades en determinadas habilidades como: flexibilidadtolerancia a la frustración y resolución de problemas. Ante situaciones que requieren este tipo de habilidades, el niño explosivo responde de una manera no adaptativa, es decir, mediante explosiones. El niño explosivo es un niño que se frustra muy fácilmente, y que tiene una reacción extrema a la frustración. Es importante tener en cuenta que estos niños no quieren explotar, sino que carecen de las habilidades necesarias para responder de una manera más flexible y adaptativa. Es decir, cuando las demandas del entorno son superiores a sus capacidades, el niño se porta mal. Dentro del repertorio de respuestas del niño explosivo podemos encontrar: llanto, mal humor, gritos, contienen la respiración, mienten, golpean, dan patadas, hablan mal, muerden, se van de casa, entre otras. Actualmente, las típicas técnicas conductuales como el uso de gráficos con calcomanías o “tiempo fuera” ya no son tan útiles como solían serlo, y otras técnicas más novedosas van ganando terreno.

Diferentes planes de actuación con el niño explosivo

Existen 3 formas totalmente distintas y excluyentes de manejar los problemas o expectativas no cumplidas del niño explosivo. Es importante tener en cuenta que estas formas o planes sólo se deben utilizar cuando haya un problema real sin resolver o no se cumplan las expectativas deseadas:

Plan A: Imposición del adulto. Se trata de una forma de responder totalmente imperativa, impositiva e insistida. Ejemplos: “No”, “Tienes que…”, “No puedes…”, “Porque lo digo yo” o “Quién manda aquí”. Ante este tipo de plan, la reacción más probable de un niño explosivo (no ordinario) sería una respuesta explosiva no deseada. Como hemos apuntado en el apartado anterior, es importante recordar que la “explosión” se produce cuando el niño no tiene las habilidades necesarias para responder ante las demandas del entorno. Por lo tanto, sería obvio y predecible que cuando al niño explosivo, que como hemos dicho no tiene las capacidades requeridas, se le insiste a que realice una tarea para la cual no está capacitado, la probabilidad de que responda de una manera no adaptativa aumenta. En definitiva, el uso de este tipo de plan con niños con tendencia explosiva es la receta perfecta para tener y vivir un número masivo de explosiones, junto con las consiguientes consecuencias no deseadas por nadie.

Plan C: Eliminar las expectativas. Este tipo de plan consiste en eliminar o dejar de perseguir deliberada y conscientemente un objetivo o expectativa que hasta la fecha era importante para los padres. Es decir, se trata de dejar este objetivo o expectativa en un segundo plano hasta que sea posible volver a trabajar con ello. Esta forma de actuación no se refiere al simple “me doy por vencido”, “da igual” o no vale la pena” sino que se trata de aparcarlo temporalmente. Es una manera de responder en parte positiva. Se trata de seleccionar las preferencias de cada uno (padre, madre, educador, niño…) teniendo en cuenta el grado de inestabilidad del niño explosivo y las prioridades de ambas partes (padres y niño). Es importante pues, no llegar al extremo de inflexibilidad recíproca, es decir, cuando ambas partes se sitúan en extremos opuestos de una decisión y no hay forma posible de encontrar un punto medio, un gris. En esos casos, sería el momento de como padres, tomar decisiones y priorizar qué es lo importante para el niño explosivo.

Plan B: Proceso de colaboración. Esta forma de actuar implica un proceso de colaboración proactiva y trabajo en equipo. Usando este plan, padres e hijo trabajan juntos para resolver los problemas que normalmente desencadenan en explosiones. En estos casos los padres siguen teniendo el control de la situación, aunque puedan pensar que ya no “están al mando”. Se trata de una actuación difícil y que necesita práctica. Consiste en 3 componentes base:

  1. Empatía. El objetivo de este componente es llegar entender y comprender al niño explosivo en si. Se trata de acumular la máxima información posible sobre él y su problema. La intención o el fin es poder entender sus preocupaciones, aunque estas no se correspondan con las de uno mismo. El resultado más probable de no escuchar o no atender a las preocupaciones o perspectivas del niño explosivo son las indeseadas explosiones. Por otro lado, es importante que el niño explosivo no se sienta interrogado, ese no es nuestro objetivo. Con esto se pretende que lo que para el niño es importante o preocupante quede clarificado y expuesto con el mayor número de detalles. Es importante que el niño se percate de que realmente nos interesamos por él, que queremos entenderlo y no le estamos interrogando. Ejemplos: “¿Qué pasa?”, “No entiendo lo que me estás contando, me lo podrías volver a explicar”, “¿A qué te refieres, no lo entiendo?”, “Estoy confundido, ¿me podrías explicar más sobre eso?”, a parte de las clásicas preguntas: ¿Qué?, ¿Quién?, ¿Cuándo?, ¿Dónde?, ¿Cómo? y ¿Por qué?. Es importante que después de toda pregunta se respete el tiempo de silencio y respuesta del niño explosivo, porque el objetivo final es tener una imagen detallada y clara del problema que necesita ser resuelto.
  2. Definir el problema. Este paso consiste en la consideración y clarificación de los principales problemas. En este punto es cuando se exponen ambas visiones del problema que se quiere abordar (tanto de los padres como de los hijos). Se trata de que ambos clarifiquen las expectativas. En este punto es cuando se pueden observar las similitudes y diferencias existentes de las diferentes visiones de un mismo problema. Se trata de una puesta en común de como uno ve el problema y como este le está afectando. Es importante tener en cuenta que en ningún momento se trata de una lucha por el control ni el poder. Únicamente se requiere la clarificación de las principales preocupaciones de ambas partes, tanto de los padres (normalmente relacionadas con la salud y la seguridad) como de los hijos. Es simplemente una exposición.
  3. Invitación o Intercambio de ideas. Consiste en la búsqueda conjunta y colaborativa de las posibles alternativas o soluciones para resolver las principales disputas o preocupaciones. En este punto sería ideal hacerle ver al niño que se está trabajando conjuntamente por el bien de los dos. La estrategia “brain storming” puede ser muy útil, en el sentido de que toda idea o alternativa que se exponga (tanto por parte del padre como del hijo) es buena, pero sólo serán aceptadas como válidas aquellas que sean realistas y satisfagan las preocupaciones de ambos (mutuamente satisfactoria). Ejemplos: “Te parece que ambos pensemos cómo podemos solucionar este problema”, “Que te parecería si ambos aportamos ideas de qué podríamos hacer para que esto funcionara”, “Hay que pensar cómo resolver esto, ¿tienes alguna idea?”. Es importante tener en cuenta que cuando se usa el Plan B no se sabe cómo se va a solucionar el problema, y que no siempre el adulto tiene la idea más ingeniosa.

Uno de los libros “clásicos” de terapia infantil 

En el libro del Dr.Greene, “El Niño Explosivo: Un Nuevo Modelo Para Comprender y Criar Al Niño Fácil de Frustrar y Crónicamente Inflexible”,  encontramos toda la información necesaria para poder entender mejor a estos niños. Los niños explosivos necesitan desarrollar flexibilidad, tolerancia a la frustración y mejorar su capacidad de solucionar problemas. El siguiente libro también aporta una serie de consejos para reducir la cantidad de episodios explosivos. El libro se basa en la idea de sustituir los programas de premios y castigos (clásica vertiente conductista), por una resolución colaborativa entre padres e hijos. También nos propone ejercicios para mejorar la flexibilidad del niño y aumentar su tolerancia la frustración.

Sobre el autor

Ross Greene, Ph.D., es fundador y director del programa “Lives in the Balance” y el creador  de la terapia de resolución colaborativa de problemas. Es el autor del libro “El Niño Explosivo”. También es profesor asociado en el Departamento de Psicología de la Universidad Virginia Tech.

Enlaces de Interés

Enlace página del autor

http://www.livesinthebalance.org/about-lives-in-the-balance

Otros títulos del mismo autor

Greene, R.W. (2009). Lost at school: Why our kids with behavioral challenges are falling through the cracks and how we can help them (Revised 2nd edition). New York: Scribner

Greene, R. W. (2010). Collaborative Problem Solving. In R. Murrihy, A. Kidman, & T. Ollendick (Eds.), A clinician’s handbook of assessing and treating conduct problems in youth. New York: Springer Publishing, 193-220.

Autor: Dr. Jaume Guilera

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