¿El lenguaje es adquirido o innato?

Juego simbólico y desarrollo del niño con autismo

El juego simbólico se define como la capacidad del niño con autismo para jugar con un objeto de manera simbólica. Por ejemplo, al coger un plátano y pretender que es un teléfono, el niño utiliza el plátano de manera simbólica. El niño juega con el plátano a que puede hablar con sus amigos, porque este representa en su mente un teléfono o tiene las propiedades de un teléfono.

Pero para llegar al juego simbólico compartido, el niño con autismo tiene que aprender primero a conocer el mundo y las reglas básicas de la física (los objetos se caen, los objetos redondos ruedan solos en una pendiente). Para Jean Piaget, este conocimiento de todas las características de un objeto (incluso, que cuando lo tapas con algo, el objeto no desaparece) no se consigue hasta el año y medio de vida. Hoy en día se piensa que la simple observación pasiva de los objetos le da al recién nacido mucha información sobre sus características físicas y las leyes básicas de la interacción entre los objetos.

El cerebro de un recién nacido posee herramientas cognitivas de aprendizaje muy potentes. Estas herramientas de aprendizaje les permiten desde el primer minuto de vida y hasta en el feto, aprender de manera pasiva y activa. Uno de estos mecanismos es la capacidad de darse cuenta de cuando dos eventos se presentan seguidos de manera casi constante. Por ejemplo, si lloro aparece mi madre. Si lanzo un juguete, este se cae al suelo. El bebe es capaz de conectar dos hechos que están asociados de manera estadística. Cuando pasa A, la mayoría de las veces luego pasa B. A la capacidad de calcular las probabilidades estadísticas y sacar información del mundo, se le llama aprendizaje asociativo (Wilson & Sullivan, 1994).

Las etapas del juego simbólico: sensorial, funcional, simbólico

Entre los 2 meses y el año de vida, el niño juega de manera aleatoria e indiscriminada con sus juguetes y objetos que tenga más a mano. Realiza con los juguetes acciones tales como golpearlos, lanzarlos, chuparlos, hacerlos chocar etc.…El niño busca la estimulación sensorial, y la exploración de las características físicas de los objetos (que ruido hacen al caer, si ruedan solos…).

A partir del año, el juego empieza a volverse más funcional o combinatorio. Los niños son más capaces de focalizar en más de un solo objeto a la vez.

Hay un salto cognitivo cuando empieza a jugar con las características o capacidades que representa el juguete. En esta etapa, juegan a hacer grupos de cosas (coches, animales,  ..) o a jugar con sus características (los coches ruedan, los animales forman familias,…). También en esta etapa, empiezan a realizar acciones directas simbólicas sobre sus juguetes, como peinar a su muñeca o hacer volar a un avión.

El juego simbólico

El juego simbólico aparece entre los 18 y 30 meses de edad, cuando el niño empieza a utilizar los objetos de su alrededor para usos alternativos imaginados (un coche es un aplasta papeles). No todos los niños desarrollan la capacidad del juego simbólico.

Juego simbólico y desarrollo cognitivo

El juego simbólico es una herramienta fundamental en el desarrollo mental del niño. Un juego simbólico rico ayuda al desarrollo cognitivo del niño y refuerza:

  • La memoria de los objetos y sus características físicas
  • La memoria de trabajo y la capacidad de secuenciar
  • La memoria de los eventos
  • La capacidad de recordar eventos de manera implícita
  • La memoria de los procedimientos
  • La capacidad de prestar atención
  • La capacidad de jugar con diferentes modalidades perceptuales y combinarlas
  • La capacidad de organizar la información perceptual en categorías
  • La capacidad de crear prototipos de categorías
  • La imaginación y la narrativa de los eventos
  • Aumenta la motricidad gruesa y fina
  • Aumenta el lenguaje
  • Aumenta la empatía

El juego simbólico en el autismo

Por ejemplo, se ha visto que en los niños con autismo suele haber una ausencia de juego simbólico (Thiemann-Bourque et al., 2019). Esta falta de juego simbólico puede contribuir a la falta de empatía (teoría de la mente) que suelen sufrir los niños con autismo.

En el autista, el juego con los objetos es pobre porque tienden a fijarse más en sus características físicas y más adelante utilizan los objetos para realizar juegos estereotipados como ordenarlos por color o tamaño.

Aparte, al tener gustos muy restringidos, rechazan la mayoría de los juguetes y solo se centran en un tipo. Por ejemplo, puede ser que solo quiera jugar con trenes. Se pueden pasan horas en un juego repetitivo del tipo hacer darle vueltas al tren en la vía.

Como ayudar a fomentar el juego simbólico en el niño con autismo

Primero hay que establecer un vínculo emocional con el niño. Establecer dicho vinculo puede ser muy difícil si el grado de afectación es severo.

El segundo paso seria intentar enseñarle a imitar acciones de manera mutua. Tu me imitas y yo te imito. Este es un primer juego muy básico, el juego de imitar (Toth et al., 2006).

El tercer paso es tener en cuenta los centros de interés del niño. Si el niño solo quiere jugar con locomotoras, pues no debemos intentar cambiarlo al principio. Hay que intentar que entre en el juego de imitar con su objeto preferido: las locomotoras.

El cuarto paso es intentar insertar dentro del juego partes que dependan de la imaginación y no tanto de las características reales del objeto.

El quinto paso es intentar que el niño imite esas partes imaginativas del juego y que las integre dentro de su propio juego en solitario. Por ejemplo, se pueden crear variantes del juego (para romper la repetición rígida en el juego) o asociaciones nuevas entre características físicas y emocionales del objeto (para crear lazos nuevos entre el significante y el significado).

La importancia de aprender a imitar

Los niños sin problemas del neurodesarrollo desde el nacimiento tienen la capacidad de imitar a los demás.

Los niños con autismo tienen graves dificultades en la imitación de los movimientos faciales, pero también de los movimientos corporales.

En los niños con autismo, la capacidad de imitar se correlaciona con el inicio del lenguaje.

En el estudio de Charman se observó que en los niños con autismo, la capacidad de imitación de manipular un objeto se correlacionaba con el nivel del lenguaje receptivo y expresivo años más tarde (Charman, 2003).

El juego simbólico y el desarrollo del lenguaje

El juego simbólico y el desarrollo del lenguaje están relacionados. Hay varias explicaciones para entender cómo se potencian mutuamente el juego simbólico y el lenguaje.

Una primera explicación es que el juego simbólico empuja el paso del balbuceo al parloteo mediante la capacidad de ligar el significante a nuevos significados.

Más adelante el juego simbólico dota de significado a las palabras del auto diálogo del niño colocándolas en una estructura secuencial como la que implica un cuento o una historia inventada.

En el estudio de Orr se puso en evidencia que la edad de inicio del juego simbólico y el balbuceo se correlacionan con la edad de inicio del lenguaje y de las habilidades lingüísticas simbólicas (Orr & Geva, 2015).

Autor:

Dr. Jaume Guilera

Bibliografía:

Charman, T. (2003). Why is joint attention a pivotal skill in autism?. Philosophical Transactions of the Royal Society of London. Series B: Biological Sciences358(1430), 315-324.

Orr, E., & Geva, R. (2015). Symbolic play and language development. Infant Behavior and Development, 38, 147-161. https://doi.org/10.1016/j.infbeh.2015.01.002

Thiemann-Bourque, K., Johnson, L. K., & Brady, N. C. (2019). Similarities in Functional Play and Differences in Symbolic Play of Children With Autism Spectrum Disorder. American journal on intellectual and developmental disabilities, 124(1), 77-91. https://doi.org/10.1352/1944-7558-124.1.77

Toth, K., Munson, J., Meltzoff, A. N., & Dawson, G. (2006). Early predictors of communication development in young children with autism spectrum disorder: Joint attention, imitation, and toy play. Journal of Autism and Developmental Disorders, 36(8), 993-1005. https://doi.org/10.1007/s10803-006-0137-7

Wilson, D. A., & Sullivan, R. M. (1994). Neurobiology of associative learning in the neonate: Early olfactory learning. Behavioral and Neural Biology, 61(1), 1-18. https://doi.org/10.1016/S0163-1047(05)80039-1

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