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Procrastinar: ¿Por qué aplazamos cosas?

Hasta hace algunos años, no era raro leer que la procrastinación (aplazar tareas para más tarde) se producía en exclusiva por un déficit en organización y gestión del tiempo. Desde luego, una falta de rutina y sistematización del trabajo hace que seamos ineficientes, pero como explicamos en el post anterior, una autorregulación emocional correcta nos hará llegar a la productividad anhelada. A pesar de la archiconocida frase de “si quieres, puedes”, ¿por qué parece que nos hacemos autoboicot constantemente?

 

Buscando el sentirnos bien

 

Los humanos tendemos a interpretar el sentirnos bien con algo bueno y el sentirnos mal como algo a evitar. Evidentemente puede así en algunos casos, pero en otros pasarlo mal puede conllevar una recompensa aún mayor, normalmente a largo plazo (pasar noches estudiando para aprobar un examen muy difícil). Nuestro impulso inmediato suele ser procastinar en las tareas que nos generan malestar para sentirnos mejor a corto plazo a costa de nuestros objetivos más a largo plazo. Si estamos ante una tarea que consideramos difícil o nos genera presión, las tentaciones que nos rodean y que nos generan gratificación inmediata (salir a tomar algo con los amigos) nos rondarán constantemente y puede resultar difícil mantenernos en el sitio (Eckert, Ebert, Lehr, Sieland, & Berking, 2016). Por supuesto, enseguida suele venir la culpa por no hacer la tarea marcada, con lo que tampoco acabamos disfrutando esa tentación basada en la inmediatez en la que hemos caído.

 

¿Por qué aplazamos cosas?

 

Para la mayoría de las personas, el deseo de una recompensa inmediata genera más huella en el cerebro que el aplazar tareas que nos incomodan (Hardisty & Weber, 2020). Es decir, que cuando no nos apetece hacer algo que consideramos desagradable, de alguna manera nos auto-convencemos que tenemos algo más “importante” que hacer en ese justo momento y acabamos procrastinando (como terminar la temporada de nuestra serie favorita antes de ponernos a hacer ese papeleo que nos da tanta pereza).

Baumesiter, Bratslavsky, Finkenauer y Vohs (2001) definieron lo anteriormente comentado como “magnitud subjetiva”: el valor predicho suele ser más intenso para eventos negativos que para eventos positivos.

Ya Loewenstein en 1987 vio que retrasar tres días una situación como recibir un beso de una estrella de cine (algo normalmente sumamente placentero para muchas personas) aumentaba todavía más el valor que le damos, mientras que el ir retrasando con el tiempo una hipotética descarga eléctrica hace que aumentara todavía más nuestra sensación de desagrado hacia la misma.

 

La importancia de la inhibición

 

También Baumeister (2014) afirmo que la inhibición de impulsos es una forma de autorregulación. Aunque esta capacidad de autocontrol tenga rasgos innatos, el evitar la procastinación suele ser una habilidad que se puede entrenar, y en este post damos estrategias para ello. Por ejemplo, si no tenemos horarios claros y rutinas establecidas, aquellas personas con más tendencia a la procrastinación tenderán a autorregularse las emociones negativas y el estrés percibido posponiendo y evitando las obligaciones. (DeArmond, Matthews, & Bunk, 2014). Una buena capacidad de moldear emociones negativas ayuda a superar el impulso de dejarlo todo para más tarde (Eckert, Ebert, Lehr, Sieland, & Berking, 2016).

 

El concepto del agotamiento del ego

 

Por último, hay otro constructo psicológico presentado por el inefable Baumeister (2002) denominado agotamiento del ego. La idea es que según el autor tenemos una especie de reserva de energía para ir lidiando con las tentaciones en nuestro día a día. Por ejemplo, después de un duro día de trabajo, solemos tender a caer en coger una cena más grasienta y calórica (pizza, hamburguesa) ya que podemos estar demasiado cansados como para pasar media hora preparando una cena más sana. El autor hace también el símil entre la glucosa que funciona como reserva de energía en nuestros músculos: si estamos más cansados tendremos menos fuerza para levantar un peso o ir corriendo a un lugar determinado. Aún así, en momentos muy determinados (en una situación de peligro, por ejemplo) podemos sacar energía de donde parece que no hay, y cualquier atisbo de procrastinación desaparece (de ahí el famoso “solamente rindo bajo presión”).

Este concepto de agotamiento del ego se ha estudiado en multitud de contextos, por ejemplo, en la ansiedad ante los exámenes o en la capacidad que tenemos de irnos temprano a dormir. Bernecker y Jobs (2020) suele haber dos creencias en general con respecto a nuestra fuerza de voluntad para evitar tentaciones. Algunas personas tienden a pensar que todo lo que hacemos nos acaba desgastando mientras que otras no le dan tanta importancia y no se centran tanto en la energía mental perdida durante el día (teoría limitada vs ilimitada). Estos autores vieron que aquellas personas que se ponían menos “excusas” sobre lo cansadas que estaban (por todas las tentaciones evitadas acumuladas), conseguían autorregularse mejor emocionalmente y no procrastinar demasiado en el momento de irse a dormir para estar más frescos y productivos el día siguiente.

En definitiva, de nosotros depende tener una actitud positiva y perseverancia para mejorar nuestra regulación emocional y fuerza de voluntad día a día.

 

Autor: David Cueto

 

Referencias

 

– Baumeister, R. F., Bratslavsky, E., Finkenauer, C., & Vohs, K. D. (2001). Bad is stronger than good. Review of general psychology5(4), 323-370.

 

– Baumeister, R. F. (2002). Ego depletion and self-control failure: An energy model of the self’s executive function. Self and identity1(2), 129-136.

 

– Baumeister, R. F. (2014). Self-regulation, ego depletion, and inhibition. Neuropsychologia65, 313-319.

 

– Bernecker, K., & Job, V. (2020). Too exhausted to go to bed: Implicit theories about willpower and stress predict bedtime procrastination. British Journal of Psychology111(1), 126-147

 

– DeArmond, S., Matthews, R. A., & Bunk, J. (2014). Workload and procrastination: The roles of psychological detachment and fatigue. International Journal of Stress Management21(2), 137.

 

– Eckert, M., Ebert, D. D., Lehr, D., Sieland, B., & Berking, M. (2016). Overcome procrastination: Enhancing emotion regulation skills reduce procrastination. Learning and Individual Differences52, 10-18.

 

– Hardisty, D. J., & Weber, E. U. (2020). Impatience and Savoring vs. Dread: Asymmetries in Anticipation Explain Consumer Time Preferences for Positive vs. Negative Events. Journal of Consumer Psychology.

 

– Loewenstein, G. (1987). Anticipation and the valuation of delayed consumption. The Economic Journal97(387), 666-684.

 

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