productividad

PRODUCTIVIDAD: procrastinación

Los factores individuales de productividad son la procrastinación y las diferencias individuales.

Diferencias individuales

En las anteriores páginas hemos presentado diferentes estrategias resaltando en todo momento la importancia de los factores individuales a la hora de realizar las distintas técnicas planteadas. Por ello a continuación haremos una revisión de lo que dice la evidencia en las diferencias individuales cuando tenemos que enfrentarnos a diferentes tareas:

- Policrónicos vs. monocrónicos:

También hemos comentado más atrás como la percepción del tiempo es muy subjetiva para cada persona y dependiendo de lo que esté realizando. La idea de esta diferenciación sería asumir que hay personas a las que no les importa hacer varias tareas a la vez y otras que prefieren centrarse en una solamente.

Por ello, las personas con un perfil monocrónico llevarán peor cualquier cambio en el calendario prevista y las personas más policrónicas se podrán adaptar mejor a cualquier cambio, alternando entre responsabilidades y ocio con más facilidad.

- Segmentadores vs. integradores:

Este constructo implica diferenciar aquellas personas que necesitan una división clara e inflexible entre tiempo de vida laboral y vida personal y aquellos que pueden mezclar ambas situaciones casi sin problema. Evidentemente, cada vez nos encontramos en una sociedad más integradora por las nuevas tecnologías, pero si tendemos a ver el tiempo laboral y personal como incompatibles, no nos tenemos que sentir mal por luchar por nuestro espacio personal.

- Big-Five:

El modelo de los cinco factores es uno de los más utilizados para estudiar las variables de personalidad que predicen diferentes resultados en el estudio o en el trabajo.

Estos factores serían:

  • Afabilidad,
  • Neuroticismo,
  • Conciencia,
  • Extraversión
  • Apertura a la experiencia.

De todos estos componentes, el que más se ha visto que correlaciona con una buena autorregulación en la organización sería la Conciencia, factor que permite sobre todo el uso de estrategias metacognitivas y una autoevaluación constante del rendimiento.

Afabilidad (propensión de un individuo a ceder a demandas ajenas) y Extraversión muestran resultados cambiantes según como interaccionen con otras variables. El tomar siempre en cuenta la opinión de los demás puede ayudarnos a recibir consejos o estrategias efectivos, pero corremos el peligro de ajustarnos demasiado ante las demandas ajenas y no utilizar los abordajes más adecuados para nosotros.

Con la Extraversión, una conducta prosocial puede ayudarnos a encontrar soluciones más variadas ante diferentes problemas que nos encontramos, pero evidentemente corremos el riesgo utilizar dicha socialización como estrategia evitativa, con un pensamiento reflectivo casi ausente.

Por último, el Neuroticismo está asociado a una falta estrategias cognitivas eficaces y una tendencia general a técnicas de manejo del tiempo superficiales y demasiado automatizadas, sobre todo si hay una ansiedad elevada.

Eso sí, quedaría la pequeña posibilidad que una persona permanente preocupada pueda compensar la falta de motivación con dicho sentido de la responsabilidad, aunque a nivel global, el Neuroticismo suele tener un efecto negativo más que positivo.

dislexia

Decisiones temporales

Cuando nos enfrentamos con una obligación, solemos tener dos tipos de abordaje: cuánto tiempo nos llevará y qué nos queda por hacer. Una planificación exitosa debe tener en cuenta estas dos variables, pero según las circunstancias generales y personales podemos elegir sobre que lado podemos apoyar la mayor parte de nuestra programación. Como hemos comentado al principio, a pesar de que el tiempo es una de las dos categorías en las que basamos nuestra existencia, en general nos cuesta dar importancia a su valor, quizás solamente agobiándonos por él cuando nos falta de manera evidente.

Para tomar una buena decisión sobre que variable queremos utilizar tenemos que autoevaluarnos lo más sinceramente posible y como siempre, no tener miedo del ensayo/error

Planificarnos una lectura larga con intervalos de páginas puede hacer que la tarea sea más tangible y disminuya la ansiedad de anticipación. Pero por otra parte, haciendo esto también corremos el peligro de marcarnos expectativas  demasiado irreales o fáciles, con lo que el uso del tiempo como factor organizativo hará una división de la tarea más realista.

Lo que sí está comprobado es que, en general, cuando utilizamos estrategias activas de la gestión del tiempo es más probable que lo contabilicemos de manera más sistemática.

Por ello, digamos que, aunque tendamos a organizar siempre por número de páginas o material nos habituaremos cada vez más a organizar nuestro tiempo de manera más objetiva. Este aprendizaje bidireccional tiene que ser constante y sistemático, por apuntar cuatro cosas un día y tachar la mitad no obtendremos mágicamente más poder y control sobre nuestro tiempo.

Finalmente, ya desde los años 60 se ha visto que los cargos importantes de empresa con fama de muy buenos trabajadores solían pensar y planificar en función del tiempo. Esto puede ser un indicador de que nunca deberíamos subestimar el factor tiempo a pesar de que tendamos a preferir marcarnos tareas por hacer, ya que a la larga (como el dinero para el placer y la recompensa) este es el factor universal por el que será evaluada nuestra productividad.

Importancia del descanso

e higiene del sueño

Las estadísticas de los países industrializados muestran tanto una falta evidente de horas de sueño de la población como la alta prevalencia de trastornos relacionados con el sueño. El alto nivel de estrés laboral diario, responsabilidades familiares, una vida social intensa y una casi inabarcable oferta de ocio virtual dificultan que muchas personas cumplan con las 7-8 horas recomendadas para un buen rendimiento cognitivo. El dormir poco hace aumentar la ansiedad percibida ante cualquier estímulo, entrando en un bucle de agobio y menos descanso consiguiente que repercutirá gravemente en nuestro rendimiento.

El proceso de dormir con sus distintas fases del sueño hace que asimilemos lo aprendido durante el día y que la mente deseche toda información que considera irrelevante. Por ello, no tiene sentido esforzarnos en aprender algo difícil si luego no descansamos lo suficiente para que esa información consolide. Más allá de este hecho momentáneo, está comprobado que la falta de sueño puede provocar todo tipo de enfermedades vasculares y degenerativas a medio y largo plazo.

Sobre todo en las etapas claves de desarrollo (infancia y adolescencia) es donde la falta de sueño más problemas a largo plazo podría generar, con lo que habría que ser lo más inflexibles posible en que se cumplan las horas recomendadas (más de 8 o 9).

Como siempre, existen importantes diferencias individuales y culturales que harán que tengamos que flexibilizar los horarios de trabajo y no aferrarnos a un método simplemente porque esté de moda o nos hayan convencido de que es lo mejor para nosotros. El que estemos más activos de mañana, de tarde o de noche es un rasgo innato, que, aunque algo modificable, conviene en la medida de lo posible adaptarnos al biorritmo más que forzarlo.

Con la pandemia de COVID, se ha visto incluso que tener todas las clases on-line, que en principio podría ser positivo para el sueño por evitar madrugar para desplazarse al trabajo, al final acaba repercutiendo de manera negativa en una muestra de estudiantes analizada, con un cronotipo más matutino.

Este es un ejemplo de que incluso ocurriendo situaciones anormales que nos tendrían que favorecer, estas acaban siendo perjudiciales para nosotros. Así que depende de nosotros evaluar y hacer los sacrificios necesarios para dormir las horas necesarias de manera constante.

Procrastinación

Esta palabra mil veces repetida hace relación al rasgo o disposición conductual a posponer o retrasar una tarea o tomar una decisión. El paradigma sobre por qué ocurre cada vez está más relacionado con la autorregulación emocional, más allá de déficits de organización (como sería el caso de personas diagnosticadas con TDAH).

Las preferencias personales suelen ser uno de los mayores factores predictores de tareas que vamos a evitar con más asiduidad. En general, todo aquello que consideremos desagradable, pesado o encargado por alguien de quien no tenemos mucho aprecio será retrasado para hacerse con cualquier excusa. Pero existe también otro tipo de procrastinación menos intuitiva pero también muy real: la relacionada con el miedo al fracaso. Incluso en la actividad que más nos apasiona y por la que consideramos que gira nuestra vida, podemos bloquearnos sin remedio conectando con todos los “y si…” catastróficos posibles o imaginando gente cercana y querida viéndonos fracasar. Esto sería a nivel general, pero incluso en por ejemplo nuestro trabajo o proyecto soñado, dentro de este habrá multitud de tareas que querremos evitar pero que serán indispensables y que retrasarlas boicotearán la parte que “nos sale sola”.

Generalmente, las respuestas de evitación pueden ser consideradas como reacciones de afrontamiento orientadas a las emociones. Por ello, las distracciones típicas que solemos hacer como mirar el móvil, levantarnos a comer, pasar a ver una serie o un vídeo etc. son reacciones para evitar las emociones negativas relacionadas con la tarea que estamos haciendo (sean del tipo que sean). Los humanos tendemos a asociar el sentir emociones positivas como que lo que estamos haciendo es bueno y emociones negativas a que lo que estamos o tenemos que hacer es malo para nosotros. Aunque estos pensamientos sean algo totalmente normal y comprensible, las emociones en realidad son un mecanismo adaptativo de supervivencia que no tienen por qué ir conectadas a nuestras intenciones y deseos. Si tenemos que madrugar para hacer deporte, en cuanto suene el despertador seguramente no tengamos ganas de levantarnos (nos sentimos cansados), pero si luchamos contra la desgana, cuando acabemos de hacer el deporte nuestro cuerpo nos dará la información contraria (nos sentiremos bien al haberlo hecho).

Además, el acto de procrastinar disminuye nuestro bienestar, aumenta los sentimientos de vergüenza o culpa, puede generar un aumento de síntomas que nos pueden llevar a desarrollar un trastorno mental, pudiéndonos afectar también a nuestra propia salud al retrasar la búsqueda de un tratamiento efectivo ante síntomas fisiológicos

En función de lo anteriormente explicado, algunos autores enumeran las causas de la procrastinación en los siguientes factores:

  1. Desagrado de la tarea:

En cuanto nos enfrentamos a una tarea que no nos gusta, solemos sentir un rasgo de sensaciones como un menor sentimiento de autonomía personal, aburrimiento, frustración o resentimiento. Por ello, tenderemos a buscar otras distracciones que mitiguen todas estas emociones negativas.

  1. Refuerzos y castigos en el futuro:

En este aspecto concreto, la procrastinación tiende a definirse como una evitación de actuar en un futuro cercano, pero en principio, con voluntad manifiesta de hacerlo más adelante.

  1. Momento del premio y del castigo:

Nivel de congruencia entre tarea y premio.

  1. Autocontrol e impulsividad:

Habría que matizar que aunque sean conceptos en principio bien definidos, parece que la investigación que relaciona ambos factores tiene todo un largo recorrido por hacer, aunque están probados su relación con la procrastinación.

Otras dos variables serían muy importantes, la capacidad de autocontrol y la impulsividad, con sus consiguientes mecanismos neurológicos subyacentes.

Por último, otro factor relacionado con la procrastinación sería la autocompasión, definiéndola como el adoptar con nosotros mismos una postura benévola y comprensiva en situaciones dolorosas o de fracaso. Esta es una cualidad adaptativa que promueve una autorregulación emocional, ya que es capaz de reducir el estrés asociado con una autoculpabilización y autocastigo excesivos. Está empíricamente comprobado que un rasgo elevado de procrastinación está asociado con menores niveles de autocompasión y un elevado nivel de estrés. Es decir, que habría una correlación negativa entre la procrastinación y la autocompasión.

Aburrimiento y fuerza de voluntad

En relación a lo comentado anteriormente de la importancia de ir a la cama a dormir, hay diversos estudios que muestran que existe de manera global lo que podríamos denominar como “procrastinación de ir a la cama”, es decir, personas que aunque hayan tenido un día agotador y en principio solamente deseen tumbarse en la cama y dormir, pueden tumbarse en ella pero seguir haciendo cosas e ir retrasando la hora de ir a la cama. Se ha comprobado que esta actitud correlaciona de manera clara con el aburrimiento y lo poco motivados estemos con lo que hagamos diariamente. A pesar de que podamos estar agotados, si estamos muy aburridos podemos ir retrasando la hora de ir a dormir en búsqueda de actividades interesantes y en definitiva cualquier estímulo que nos saque del tedio. Digamos que se produciría un bucle que se retroalimenta con el poco descanso, ya que por ejemplo la gente que se aburre con más frecuencia también tiende a un mayor uso de las redes sociales, ya que estas tampoco requieren un gasto de energía muy elevado y podemos pasar horas usándolas sin apenas darnos cuenta.

Dentro de la categoría aburrirse, diversos autores subdividen este proceso cognitivo en tres partes:

  • tendencia de las personas a aburrirse,
  • incapacidad de estarse quieto
  • vagar en pensamientos o soñar despiertos.

Está comprobado que la tendencia al aburrimiento puede ser un rasgo de personalidad evaluable, mientras que el no poder estarse quieto y el soñar despiertos sería la reacción ante sentir dicho aburrimiento. Algunas personas pueden tender a evitar el sopor y la desmotivación intentando mantenerse ocupadas constantemente con distracciones, mientras otras podrían mostrar una actitud más pasiva ante estos sentimientos dejándose llevar por su imaginación hacia otros escenarios más apetecibles. Evidentemente, ambas estrategias no son mutuamente excluyentes y pueden ocurrir de manera simultánea, pero tendríamos que analizar cuidadosamente a qué tenemos más tendencia para aplicar estrategias específicas.

Para ello, tendríamos diversas escalas como la Boredom Proneness Scale, Fidgeting Scale y el Mind Wandering Questionnaire, que nos permitirían hacer un perfil específico y adoptar el enfoque que más funcione.

Añadiendo a lo anterior, también existiría otra diferenciación entre como las personas vemos nuestra energía y fuerza de voluntad cuando nos enfrentamos ante cualquier tipo de tarea.

Algunas personas tendrían lo que se denominaría la “teoría limitada”, es decir, que perciben su fuerza de voluntad como recurso limitado (como una barrita de energía de un videojuego) y que cualquier cosa que hagamos o cualquier tentación que resistamos nos irá restando capacidad de control sobre nuestra productividad.

Otras personas en cambio, con la denominada teoría no limitada, no ven la fuerza de voluntad como una pila que se va descargando con su uso, sino que incluso la voluntad puede incluso activarse cuando hacemos esfuerzos de autocontrol.

Podemos concluir, que un día largo y estresante puede resultar demoledor y dejar totalmente inoperantes a algunas personas mientras que para otras este estrés diario puede incluso tener un efecto positivo en su autorregulación emocional.

Para evaluar estas variables tendríamos el constructo de “Theories of Willpower Survey”. Esta idea permitiría distinguir en que punto del espectro de teoría limitada vs no limitada nos encontramos y de esta manera poder planificar eficientemente nuestros horarios en función de como veamos nuestra fuerza de voluntad.

Por último, y relacionado con lo comentado anteriormente, las personas con una teoría limitada de la fuerza de voluntad suelen retrasar el momento de ir a la cama a pesar de estar agotadas.

Mientras que las personas con una creencia de una fuerza de voluntad ilimitada serían más efectivos en conseguir ir a la cama temprano por la motivación generada durante las actividades hechas durante el día y la recompensa que supone acostarse temprano para estar descansados al día siguiente.

Autor:

El Psicólogo General Sanitario, David Cueto Marcos, se formó en la Universidad de Oviedo y cursó un Postgrado en Psicopatología Clínica por la Universidad de Barcelona. Colabora desde hace años en CEPTECO (León) y en el Despacho Dr. Guilera (Barcelona) en áreas de aprendizaje infantil, dislexia y trastornos clínicos de ansiedad en adolescentes. Además colabora con la UB como tutor de prácticas y mantiene una actividad educativa y divulgativa desde diferentes blogs, como autor de libros y asesorando a diferentes colegios del área de Barcelona.

Acerca del blog:

Este blog ha sido creado por el Dr. Jaume Guilera, médico que trabaja en el campo de los trastornos del aprendizaje, con la intención de hacer un esfuerzo de divulgación acerca de los trastornos cognitivos más frecuentes en niños y adolescentes.  Los trastornos del aprendizaje en niños y adolescentes los abordo desde una perspectiva cognitivo-conductual. Mi trabajo lo desarrollo en colaboración con otros profesionales, desde una perspectiva multidisciplinar (psicólogos, pedagogos y médicos). La filosofía de trabajo es abordar cada caso individualmente según sus necesidades. Principalmente trabajo con trastornos del aprendizaje (Disléxia, Discalculia, Comprensión Lectora) y trastornos del neurodesarrollo (TDAH, Autismo).

Además colabora con la UB como tutor de prácticas y mantiene una actividad educativa y divulgativa desde diferentes blogs, como autor de libros y asesorando a diferentes colegios del área de Barcelona.

Datos de contacto:

https://blog.mentelex.com/dr-jaume-guilera/

Nuestros libros:

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