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RESILIENCIA Y FLEXIBILIDAD COGNITIVA

La resiliencia y la manera en cómo estructuramos el pensamiento (flexibilidad cognitiva) están relacionados. La flexibilidad cognitiva es la capacidad de ser consciente de nuestros pensamientos negativos y poder cambiarlos por pensamientos más positivos o adaptativos.

La flexibilidad cognitiva es una estrategia que nos puede ayudar a regular nuestras emociones.

La flexibilidad cognitiva es la capacidad de reestructurar a nivel consciente como vemos una situación, o las implicaciones de la situación, a pesar de que sean situaciones traumáticas…. Y ajustar nuestra conducta a las nuevas situaciones. Es importante para la supervivencia y la capacidad de adaptarse a nuevos retos.

Estudios de resonancia magnética funcional, han puesto de manifiesto el circuito cerebral que se activa cuando trabajamos la flexibilidad cognitiva. En el experimento de Dajani et al., los sujetos mostraban más activación del córtex fronto-parietal, el cingulado anterior, el córtex insular, y las regiones subcorticales cuando realizaban actividades de flexibilidad cognitiva (Dajani et al., 2020). La zona de intersección de este circuito es la unión frontal derecha inferior (inferior frontal junction). Esta zona influencia tanto áreas corticales como subcorticales (Brass et al., 2005).

Por ejemplo, cuando un niño llega a casa tras un fin de semana en el campo y se encuentra que unos ladrones han entrado en casa. Los ladrones lo han dejado todo revuelto. Incluso su cuarto esta desordenado y sus juguetes están por el suelo o rotos. Lo primero que sentimos todos en esta situación es miedo. Es una experiencia traumática que puede volverse una fuente de ansiedad anticipatoria de por vida. Cada vez que el niño salga de casa, la duda de que se repita el robo, le crea ansiedad. En algunos casos, el niño puede llegar a tener ataques de ansiedad por abandonar la casa, o al revés, tener fobia a quedarse en casa. Normalmente, una vez que se les pasa el susto, los niños empiezan a hacer preguntas. Tienen miedo por la noche y quieren volver a dormir en la cama de los padres. Entonces empieza una batalla mental para los padres, conseguir que el miedo a los ladrones no se vuelva un aprendizaje cognitivo en el niño. Lo que puede acabar en indefensión aprendida.

La indefensión aprendida es cuando nuestra respuesta delante de un desafío o peligro es la pasividad o la falta de reacción porque tenemos la sensación de no tener la capacidad de cambiar nada. O la sensación de que cualquier esfuerzo es inútil. El castigo sistemático a las reacciones del niño debidas al trauma (por ej.: volver a hacer pipí de noche en su cama), o castigar sus estrategias o esfuerzos infantiles para superar el trauma, es decir, castigar el error, suele llevar al niño hacia un estado de indefensión. Esta indefensión cuando se repite en el tiempo se acaba volviendo una respuesta aprendida delante de los problemas.

No es una buena estrategia negar el problema o no dar un espacio para que los niños hablen de ello o hagan dibujos de lo que ha pasado o dibujos de sus dispositivos ultramodernos para detectar ladrones. No proteger (negar el miedo) o sobreproteger (hacerlo todo por él) no funciona.

Hay que escuchar al niño, sugerirle ideas, darles respuestas a sus ideas propias, siempre con la intención de que aprenda por sí mismo. Cuando se los damos todo hecho, y el niño no aprende de sus errores, se vuelve inseguro y dependiente. Su postura delante los desafíos es de pasividad. O, al contrario, los niños reaccionan con rabietas al no poder soportar la frustración o la indefensión que la situación les genera.

Hay que dar una respuesta a sus necesidades de seguridad de diferentes maneras. Encontrar estrategias que les hagan sentir que tienen un cierto control o que pueden contribuir a la defensa de la casa o que pueden ayudar a disminuir de manera real las posibilidades de que vuelva a ocurrir aquello que tanto temen(Yao et al., 2019).

Autor: Dr. Jaume Guilera

Bibliografia

Brass, M., Derrfuss, J., Forstmann, B., & Cramon, D. Y. von. (2005). The role of the inferior frontal junction area in cognitive control. Trends in Cognitive Sciences, 9(7), 314-316. https://doi.org/10.1016/j.tics.2005.05.001

Dajani, D. R., Odriozola, P., Winters, M., Voorhies, W., Marcano, S., Baez, A., Gates, K. M., Dick, A. S., & Uddin, L. Q. (2020). Measuring Cognitive Flexibility with the Flexible Item Selection Task: From MRI Adaptation to Individual Connectome Mapping. Journal of Cognitive Neuroscience, 1-20. https://doi.org/10.1162/jocn_a_01536

Prado, V. F., Janickova, H., Al-Onaizi, M. A., & Prado, M. A. M. (2017). Cholinergic circuits in cognitive flexibility. Neuroscience, 345, 130-141. https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2016.09.013

Yao, L., Li, Y., Qian, Z., Wu, M., Yang, H., Chen, N., Qiao, Y., Wei, C., Zheng, Q., Han, J., Tian, Y., Liu, Z., & Ren, W. (2019). Loss of control over mild aversive events produces significant helplessness in mice. Behavioural Brain Research, 376, 112173. https://doi.org/10.1016/j.bbr.2019.112173

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