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Adicción a los videojuegos online: consejos para limitar las horas de juego

La adicción a los videojuegos online existe (Kuss & Griffiths, 2012) y cada vez provoca más problemas en el desarrollo  social y académico de los niños. Se estima que un 4% de los adolescentes tiene problemas de adicción a los videojuegos online (Durkee et al., 2012). Uno de los factores predictores de adicción son las horas que los niños pasan delante de la pantalla (Khang, Kim, & Kim, 2013). Por lo tanto, es necesario aprender a limitar las horas de juego y exposición a las pantallas.

Los síntomas de la adicción a los videojuegos son fácilmente reconocibles.

El primer síntoma es común a muchas adicciones. El niño cada vez quiere y necesita más horas de videojuegos.

El segundo síntoma es la intolerancia para aceptar los límites. Cuando los padres obligan al niño a parar de jugar, el niño tiene una crisis de rabia y puede llegar a enfrentarse verbal o físicamente.

La necesidad de más horas de videojuego descompensa otras actividades. Como las horas de juego no las puede robar del colegio, el niño suele recortarlas de las horas con la familia, con los amigos y de las horas de sueño. En consecuencia, el menor se va aislando socialmente a medida que aumenta su adicción.

Los estudiantes universitarios adictos a los videojuegos muestran un bajo funcionamiento cognitivo, peor salud mental y un bajo control de los impulsos; además de sentimientos de aislamiento social, depresión, y ansiedad (Stockdale, & Coyne, 2018).

Cuando el menor utiliza las horas de sueño y de hacer los deberes para jugar, suele bajar el rendimiento académico, y pueden aparecer trastornos del aprendizaje, trastornos de ansiedad y depresión (Park, Hong, Park, Ha, & Yoo, 2013), y finalmente fracaso escolar.

La percepción del tiempo se altera cuando juegas. Muchos niños llevan horas jugando, y cuando quieres que paren, te dicen que hace solo 5 minutos que juegan.

Jugar a videojuegos suele ser estimulante y reforzador. No es infrecuente que se utilicen los videojuegos como alternativa a la realidad. Por ejemplo, para poder evadirse de sus problemas, no es infrecuente el abuso de videojuegos por los alumnos que sufren acoso escolar (Brighi, Menin, Skrzypiec, & Guarini, 2019) o los niños que sufren graves problemas familiares.

Además, una adicción a los videojuegos afecta a nuestra capacidad de disipar recuerdos negativos autobiográficos (Fading Effect Bias), pudiendo generar estados emocionales negativos como depresión o ansiedad (Gibbons & Bouldin, 2019).

Un primer paso para evitar una adicción a los videojuegos y todos los efectos negativos que genera sería animar a nuestro hijo o hija que juegue a juegos de estrategia no violentos, de ritmo pausado, y que supongan un reto intelectual. Estudios demuestran que este tipo de videojuegos mejoran el estado de ánimo y reducen el estrés (Russoniello, O’Brien, & Parks, 2009).

Consejos para la hora de ir a dormir

  1. Poner un límite de hora para jugar por la noche.

Para los niños a la hora de acostarse hay que establecer una hora máxima a partir de la cual se apagan todas las pantallas. No puede ser que el niño apague el videojuego cuando quiera, existe el peligro que cada vez duerma menos horas.

  1. Es importante en la adolescencia que no se vayan a dormir con el móvil a su habitación.

Lo mejor es pactar a qué hora se apaga el móvil y dejarlo en una sala común como puede ser el comedor.

Consejos para la vida familiar

  1. No puede haber barra libre de pantallas en la casa.

Cuando apareció la TV por primera vez, en muchos hogares la televisión estaba encendida todo el día.

Las pantallas, desde el móvil hasta los ordenadores, tienden a invadir el espacio y el tiempo familiar. Por eso es importante que no haya barra libre de tecnología digital.

Si se juega entre semana, hacerlo con horarios restringidos o limitados (pactar entre los padres primero y luego con el niño).

No recomendamos más de una hora al día entre semana. Solo se le permite jugar, si se han cumplido los objetivos de deberes y estudio, que se hayan pactado previamente. Intentar que no juegue 2 horas antes de irse a la cama.

Asimismo, procurar que no supere 2 horas de juego seguidas en fin de semana.

  1. Hay que establecer momentos del día donde no haya ningún tipo de pantalla encendida en casa.

Es importante que durante las comidas familiares no haya pantallas. Por ejemplo, se ha estudiado que el tiempo de contacto ocular con los padres en la infancia es un predictor de la capacidad de empatía que tendrá el niño cuando sea adulto (Farroni, Csibra, Simion, & Johnson, 2002).

También es importante utilizar la hora de la comida como momento para que los niños expresen qué les pasa, qué sienten y de esta manera facilitar la comunicación dentro de la familia.

En los encuentros familiares, bodas, bautizos y comuniones, intentar no utilizar el móvil como niñera.

  1. Intentar que el adolescente no juegue más de dos horas seguidas, por más excusas que diga como que jugando on-line no se puede parar el juego.
  2. No negociar ningún tipo de concesión porque haya salido un juego nuevo, una actualización etc. Los horarios son inamovibles.
  1. Si se quiere premiar con tiempo extra de juego por buen rendimiento académico, poner el listón alto (notables) y que haya sido negociado y consensuado por toda la familia anteriormente.
  2. No aceptar la excusa de que jugando on-line se socializa. Los estudios demuestran que al no haber interacción cara a cara es más probable que los adolescentes sean más impulsivos e irrespetuosos con el resto de jugadores. Por eso es preferible que juegue on-line con sus amigos o compañeros de clase en vez de con desconocidos.
  3. No aceptar los juegos de móvil o tableta como “placebo” para no aguantar las pataletas de no jugar a la videoconsola o el ordenador. De hecho, suelen ser de temática más adictiva y repetitiva, aumentando la ansiedad y la frustración.
  4. Promover el uso de videojuegos alternativos o retro con un mecanismo más lento y reflexivo. Fomentar también juegos intelectuales (ajedrez, cartas, ligas Fantasy) o juegos de mesa en los que forme parte toda la familia (Monopoly, Catán).
  5. Ser más cuidadoso con las horas de juego del hijo si en la familia existen antecedentes de adicciones o cualquier enfermedad mental.
  6. Si se ha recetado medicación para la mejora de la atención y el estudio, esta medicación también puede servir para que el niño juegue a los videojuegos mejor y más tiempo. Por ello, hay que ser cuidadoso y constante en la supervisión de las horas de estudio y de ocio si se han recetado estimulantes.

La habitación del niño como zona libre de pantallas

  1. Es muy importante que la habitación del niño esté libre de pantallas.

No poner un ordenador en la habitación del niño, ni la televisión, ni ningún otro tipo de pantalla. Es importante que el dispositivo principal donde el hijo juega (ordenador o videoconsola) nunca esté en el dormitorio del hijo sino en una habitación común (sala de estar, comedor) donde se le pueda supervisar sin intervenir en sus juegos.

  1. Las pantallas en la habitación suelen romper el ritmo del sueño. Los ordenadores dentro de la habitación incrementan la tendencia del niño a aislarse del resto de la familia.

Los niños aprenden de los padres

Apaga tu móvil durante las comidas familiares.

No poner una televisión en la habitación de los padres.

Los niños aprenden por imitación, aunque no pongas una pantalla en la habitación del niño, no sirve de nada si la habitación de los padres está llena de pantallas.

Si tu manera de distraerte es con las pantallas, en vez de los libros, la música o el deporte; lo que aprenden los niños es que la única alternativa al aburrimiento son las pantallas.

No utilizar la compra de videojuegos como un premio para reforzar conductas. Si apruebas te compro la nueva videoconsola.

El mundo off-line también existe

Haz que los niños participen en actividades deportivas o culturales.

Apaga las pantallas y haz que se muevan.

Intenta sacarlos de casa y llevarlos a jugar a fútbol, tenis o cualquier actividad física al aire libre.

Autores: D.Cueto y J.Guilera

Bibliografía:

Brighi, A., Menin, D., Skrzypiec, G., & Guarini, A. (2019). Young, Bullying, and Connected. Common Pathways to Cyberbullying and Problematic Internet Use in Adolescence. Frontiers in Psychology, 10, 1467. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.01467

Durkee, T., Kaess, M., Carli, V., Parzer, P., Wasserman, C., Floderus, B., … Wasserman, D. (2012). Prevalence of pathological internet use among adolescents in Europe: Demographic and social factors. Addiction (Abingdon, England), 107(12), 2210-2222. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2012.03946.x

Farroni, T., Csibra, G., Simion, F., & Johnson, M. H. (2002). Eye contact detection in humans from birth. Proceedings of the National academy of sciences, 99(14), 9602-9605. https://doi.org/10.1073/pnas.152159999

Gibbons, J. A., & Bouldin, B. (2019). Videogame play and events are related to unhealthy emotion regulation in the form of low fading affect bias in autobiographical memory. Consciousness and cognition, 74, 102778. https://doi.org/10.1016/j.concog.2019.102778

Khang, H., Kim, J. K., & Kim, Y. (2013). Self-traits and motivations as antecedents of digital media flow and addiction: The Internet, mobile phones, and video games. Computers in Human Behavior, 29(6), 2416-2424. https://doi.org/10.1016/j.chb.2013.05.027

Kuss, D. J., & Griffiths, M. D. (2012). Internet Gaming Addiction: A Systematic Review of Empirical Research. International Journal of Mental Health and Addiction, 10(2), 278-296. https://doi.org/10.1007/s11469-011-9318-5

Park, S., Hong, K.-E. M., Park, E. J., Ha, K. S., & Yoo, H. J. (2013). The association between problematic internet use and depression, suicidal ideation and bipolar disorder symptoms in Korean adolescents. The Australian and New Zealand Journal of Psychiatry, 47(2), 153-159. https://doi.org/10.1177/0004867412463613

Russoniello, C. V., O’Brien, K., & Parks, J. M. (2009). The effectiveness of casual video games in improving mood and decreasing stress. Journal of CyberTherapy and Rehabilitation, 2(1).

Stockdale, L., & Coyne, S. M. (2018). Video game addiction in emerging adulthood: Cross-sectional evidence of pathology in video game addicts as compared to matched healthy controls. Journal of affective disorders, 225, 265-272. https://doi.org/10.1016/j.jad.2017.08.045

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